Ciertas dudas sobre la verdad de la resolución del dilema genético de la familia Amárnica

Manuel Juaneda-Magdalena – Abril 2010

Todas las noticias alusivas al misterio histórico de la más que notable familia amárnica han promovido siempre un gran interés. ¿Será ésta la oportunidad tan esperada que corra el velo que cubre uno de los misterios más grandes de la Egiptología? Un cierto hormigueo de placer y esperanza surgió de nuestros vientres tras el anuncio de que ¡por fin! el misterio quedaba resuelto y que Tutankhamón ¡ya no era huérfano!. El mensaje apareció respaldado en la revista JAMA[1] de gran prestigio en el ámbito médico internacional, publicación de alcurnia por ser portavoz de la American Medical Association.

El contenido de la publicación ha desencadenado en el ánimo del lector experto, como del más interesado por cuestiones más próximas al terreno histórico, importantes aspectos para la polémica. Por tal motivo, y al rebufo de la noticia, se han venido sucediendo algunos artículos sesudos en la “red”[2], como numerosos comentarios en los foros internáuticos, como el nuestro también, que ha entrado en materia con mucha continuidad y vehemencia.

Mi aportación es una más de entre cientos que circulan por doquier, y con ella, sólo pretendo escudriñar en algunos aspectos, fundamentalmente metodológicos, relacionados con el presente estudio genético, que pienso que no han sido apuntados suficientemente aún; como señalar otros que, por otra parte, es conveniente recordar para no perderlos como referentes. Quedarían por cubrir, si hubiera ocasión, otros del ámbito patológico que de por sí, si tienen un interés intrínseco también muy especial y que merecerían un apartado exclusivo.

Fig. 1. Máscara de Tutankhamon.

Fig. 1. Máscara de Tutankhamon.

Frecuentemente, y en no pocas ocasiones, se viene observando como la investigación y la metodología empleada en el estudio de los cuerpos humanos antiguos tiende a caer en los brazos acogedores de las llamadas “Nuevas Tecnologías”, y estimo, que para mi pesar, el enfoque de este estudio ha pecado en exceso en esta tendencia. El atractivo por el uso excesivo de las nuevas tecnologías, hecho que no es sólo patrimonio de la Medicina en su quehacer cotidiano[3], lo es igualmente en aquellos campos de la investigación científica como la Antropología Física o Forense; y esto no siendo malo cuando es convenientemente aplicado, tras el abuso de su práctica, se pueden perder unas referencias mucho más valiosas por el camino hacia la meta final que es: “el estudio global y definitivo del hombre”, y en particular, en su dimensión física que es lo que nos atañe en este momento[4]. En definitiva, cuando esto sucede en demasía, y se sobrevalora la tecnología como método de investigación primordial, y se menosprecian aspectos muy fundamentales, se entra en la valoración parcial o “reduccionista” del estudio del cuerpo humano.

Por qué vamos a sopesar aspectos documentales hallados in situ sobre la perspectiva histórica de un hallazgo o relacionados con la vida de un personaje histórico, si en realidad con hacerle una Tomografía o el estudio genético a sus restos, pensamos que ésta o aquélla nos van aportar datos mucho más interesantes. Pues bien, opino que esto mismo está ocurriendo en el estudio que se plantea en esta publicación reciente. Es notable el interés suscitado por el potencial descubrimiento del parentesco en línea ascendente como descendente del joven monarca. ¿Por qué tan grande expectativa por esta cuestión, no se emplea para las momias de otros personajes de la realeza faraónica? La respuesta parece obvia por conocida desde el momento de su conocimiento: la presión mediática que originó el hallazgo intacto de un enterramiento real, desencadenó tamaña expansión de la noticia, que se mantiene igual de potente que en el momento de la deflagración, allá por los años veinte del siglo pasado.

Es notable, por tanto, que el acontecimiento que suscita el estudio de los restos del faraón, responda igualmente a la vertiente “reduccionista” antedicha; es decir, sólo por el interés suscitado tras aquel Big Bang, y con el fin de mantener ese potencial expansivo y de que no decrezca, se realiza y se publica este estudio dejando en un segundo plano el interés no menor del resto de las momias. Al respecto, cabe otra reflexión; con todos los respetos hacia los investigadores, cabría interrogarse sobre la necesidad de disponer de manera tan imperiosa como urgente, del estudio genético de un miembro de escasa relevancia histórica de la realeza en relación con el resto de los personajes que la componen.

En este sentido, el estudio plantea un papel de predominio, del objeto de estudio, sobre el resto de las momias que ejercen respecto al anterior un papel secundario. Esta metodología aporta otro elemento de crítica que se sustenta en una visión sesgada desde el punto de vista histórico. Conviene recordar aquella frase tan manida: ni son todos los que están, ni están todos los que son. Los propios autores reconocen la dificultad mayor de identificar históricamente o documentalmente, la mayoría de la muestra de los sujetos con los que se pretende la comparación, y esto no debe ser un asunto nada desdeñable.

Se desea suplir la inseguridad histórica por la “seguridad” de la técnica genética sin advertir los inconvenientes inherentes al estudio del ADN antiguo (ADNa). Siendo así, se pretende buscar cuáles o qué alelos, hospedados en el genoma de los presuntos antepasados son transmitidos a la descendencia. La pretensión es alta y digna de encomio, pero desde mi punto de vista, topa con una serie de inconvenientes que me parecen insalvables, y que aunque mi conocimiento de la investigación se basa en lectura del artículo de los autores, resultan un escollo difícil de superar, a pesar de que mi deseo fuese muy otro.

Es obligado recordar la enorme dificultad inherente en el estudio del ADN de los restos cadavéricos antiguos[5]; uno de estos retos se complica durante la calidad y cantidad del material genético de la muestra que se estudia -a propósito, en virtud de las técnica de PCR[6] (una eficiente multicopista genética) se han superado muchas trabas- por otra parte, existen los contaminantes exógenos humanos o no, tanto en el momento de recogida como durante el estudio, aún en condiciones de máxima idoneidad. Para mayor inconveniente, si tras la consecución de un material adecuado y su multiplicación se pretende aún más, comprobar la interrelación parental con otros sujetos en las mismas o peores condiciones de conservación de su material genético[7].

Todas estas cuestiones son dignas de consideración. Por este motivo, felicito a los investigadores por el mérito y el éxito en la extracción de un material válido para el estudio. De todo el mundo es conocido el “martirio” al que fueron sometidos, desde los años trascurridos desde su descubrimiento, el cadáver del joven rey. Las condiciones severas y poco halagüeñas de su estado físico provocadas por el tiempo, el hombre[8], etc., le hacen presumiblemente un pésimo candidato para obtener éxito en la adquisición de un material genético válido. Reclama mi atención que no se comentara esta circunstancia en el estudio, tampoco tengo constancia de dónde se extrajeron las muestras y si se consideraron otras alternativas mejores (pulpa dentaria) como sitio factible. Nada que objetar por la elección del instrumento de estudio (“STR”: microsatélites), muy adecuado en estas circunstancias.

Fig. 2. Cabeza de la momia de Tutankhamon.

Fig. 2. Cabeza de la momia de Tutankhamon.

Desconozco por qué los autores han mostrado una predilección por el estudio de los alelos procedentes de la herencia paterna (cromosoma “Y”), en los que han invertido un número importante de marcadores genéticos, dieciséis, que plantea la limitación de que sólo se pueden estudiar en los hijos varones; y por el contrario, sólo utiliza ocho marcadores en el ADN de procedencia autosómica. Veo en ello una inconsistencia metodológica muy importante y que no se puede pasar por alto. Por lo cual el uso de quince marcadores “loci” STR daría una información más sólida como mandan las normas del estudio de la paternidad en personas vivas[9]. El análisis de quince marcadores como mínimo, promovería, siempre y cuando las muestras de ADNa fueran válidas, unos resultados más fiables evitando que dos individuos pertenecientes a un mismo grupo poblacional tuvieran marcadores idénticos sin relación de parentesco. Esto es lo aconsejable cuando se realizan estudios de cálculo de paternidad.

Hay otro punto oscuro: la frecuencia genética. Como es conocido en el cálculo de probabilidad de paternidad ha de relacionarse con la frecuencia alélicas y genotípicas usando la población como base de referencia. En el estudio se comenta que se ha hecho un cálculo probabilístico de los alelos mediante los índices de paternidad individual y combinada para todos los “loci”. Si es así, cómo y con qué población de referencia, ¿con la egipcia de la Dinastía XVIII, con la población egipcia actual? Cómo se ha hecho el cálculo de la frecuencia génica y alélicas, dato muy importante a la hora de hacer el cálculo de la probabilidad de paternidad basada en el Teorema de Bayes necesario para cualquier madre o hijo que quiera conocer con una alta aproximación si su presunto padre biológico lo es realmente.

Otro dato ausente y que considero de alto interés es el porcentaje de consaguinidad de tanta importancia e interés en un grupo deestudio con una alta tasa de interrelación sexual durante generaciones.

Estableciendo a tal efecto el coeficiente de consaguinidad y de parentesco, nos permitiría saber si un gen elegido al azar en un individuo sea igual que en otro individuo por línea de descendencia[10].

La premura por sacar la publicación a la luz pública, dejó en el tintero del estudio el análisis del ADN mitocondrial (ADNmt). Sin duda éste es un aspecto que deja el paladar insatisfecho[11]. Este haplotipo[12], íntimamente ligado con la herencia materna y el material genético, es transmitido por la línea ascendente-descendente en aquellos individuos relacionados con el linaje materno[13]. Su razón de ser para éste y otros casos similares, cuando el material genético nuclear es precario o imposible de obtener, lo hacen imprescindible en virtud de su cuantía en la célula, para el estudio genético del linaje amárnico.

Finalmente, aunque es de agradecer la aparición de artículos de esta importancia, en los que se enfatiza la interrelación de ciertas disciplinas como la paleogenética y la radiología de los restos antiguos, se advierte del riesgo de sobrevaloración de éstas y otras técnicas de vanguardia sobre la visión global antropológica. Y consecuentemente, por otra parte, parece que se concede un desmedido afán de protagonismo sobre ciertos personajes históricos en detrimento de un estudio más sosegado, meditado y sistemático de cada uno de ellos, por propio merecimiento; es por ello ilógico que se extraigan datos de los cuerpos de los personajes supuestamente afines biológicamente al objeto de estudio sin haberlo realizado anteriormente en ellos. Se aboga por un estudio antropológico integral, sin pausa, de todas las momias reales. Esto es lo que yo le he llamado al principio de la reflexión el pecado del “reduccionismo histórico-científico”.

Por último, pido disculpas por mi pesimismo a la hora de encarar el parentesco de la familia amárnica. No veo razón para lo contrario. Y es que la incertidumbre de encontrar parte de los allegados y la confusión de identidades de la parentela regia, son un endeble apoyo y un mal sustituto sobre el que colocar una bandeja de parejas de alelos. La investigación me ha abierto más incógnitas que despejar.

Queda abierto el reto hacia el futuro. Quisiera para este proyecto que el modus operandi fuera otro para un final más esclarecedor. Por lo demás, animo a los autores del artículo a que emprendan o en su caso continúen con el estudio sistemático de las momias sean regias o no. Y que a pesar de las críticas expuestas, éstas sirvan como incentivo para seguir en la brecha.

Notas

[1] Z. Hawass, Y. Gad, I. Somaia, “Ancestry and Pathology in King Tutankhamun’s Family” en http://jama.ama-assn.org/cgi/content/full/303/7/638 (consultada el 17/02/2010).
[2] K. Phizackerley , “DNA Shows that KV55 Mummy Probable Not Akhenaten” en http://www.kv64.info/2010/03/dna-shows-that-kv55-mummy-probably-not.html (consultada el 29/03/2010).
[3] Y esto es tan frecuente como el hecho de aquel paciente o familiar que viene a la consulta o a un Servicio de Urgencia hospitalario demandando una práctica diagnóstica compleja sin hacer antes una valoración diagnóstica clínica.
[4] J. Buikstra, J. L. King y K.C. Nystrom, “Forensic anthropology and Bioarchaeology in the American Anthropologist: Rare by exquisite Gems”, American Anthropologist 105/1 (2003), pp. 38-52.
[5] Sobre todo cuando se recoge en circunstancias adversas, cuando los restos orgánicos estuvieron en condiciones de humedad y con oscilaciones térmicas importantes.
[6] Reacción en Cadena de la Polimerasa desde el comienzo de su uso en la práctica clínica y forense (1986) ha proporcionado grandes servicios a la medicina y a la práctica forense.
[7] Este es desde luego un inconveniente mayor porque no se trata sólo de encontrar la paternidad de un muerto reciente en relación con una persona viva, sino de un muerto de miles de años con otros de similar antigüedad.
[8] Paradójicamente es ésta la momia que más manipulaciones, con toda seguridad, ha sufrido, casi siempre en condiciones de escasa esterilidad (transportes, cambios ambientales…); sin embargo a este objeto de veneración, no le ha servido para tener un reposo en unas condiciones de privilegio como el resto de sus compañeras en el Museo de El Cairo, de acuerdo con su estatus de dignatario y de “niño mimado”.
[9] Algunos laboratorios venden unos “kits” se acompañan del marcador de la “amelogenina” que ayuda a la identificación sexual de los restos cadavéricos y que no vendría mal para aclarar las dudas, ya de paso, que en su momento se manifestaron cuando el hallazgo de los restos de la KV 55.
[10] C. Suzanne, C. Polet C, Dictionnaire d’anthropobiologie, Bruselas, 2005.
[11] Es de esperar que en próximos estudios tengamos la oportunidad de conocerlo.
[12] Se aconseja al lector no conocedor de la terminología genética que consulte bibliografía especializada en Diccionario Novartis de Genómica y Medicina Molecular, Barcelona, 2006.
[13] L. Baker, “Biomolecular Appications” en el libro Handbook of Forensic Anthropology and Archaeology, Walnut Creek, California, 2009, pp. 322-335.

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