Neuchâtel: un museo para descubrir

Javier Uriach Torelló – Abril de 2007

Introducción

Para el público en general hablar de Neuchâtel es hablar de su lago y poco más. Para el aficionado a la egiptología también es bastante plausible que se le escape la existencia, en esta bella ciudad, de una de las colecciones de arte egipcio más importantes que atesora el país helvético.

Y es una autentica pena que así sea, ya que las piezas que podemos encontrar, en una de las salas de exposición del Museo Etnográfico, son de una belleza y calidad extraordinarias. Dignas de la mejor colección del mundo.

Neuchâtel (del latín Novum Castellum) es una pequeña ciudad suiza, de apenas treinta mil habitantes, que da nombre tanto al cantón como al lago que está a sus orillas. El cantón se encuentra en la Suiza occidental haciendo frontera con Francia. El lago de Neuchâtel se encuentra en la parte suroeste del cantón.

Neuchâtel es rica en patrimonio histórico y cultural, de donde destacan su castillo del siglo XII y su colegiata de estilo gótico. Es una ciudad que, como tantas otras de la geografía del país, es de “sube y baja”, es decir, con empinadas calles de pronunciadas pendientes lo cual invita a pasear sin prisas y con mucha calma, deleitando la vista con sus hermosas calles, jardines y rincones medievales.

El Museo Etnográfico se encuentra en la colina de San Nicolás ocupando un antiguo edificio, la Villa Pury, que tuvo que ser reformado para poder albergar las colecciones que ahí se exponen.

Una de las colecciones permanentes es precisamente la dedicada al Antiguo Egipto. Apenas ocupa un par de salas pero, es tal la intensidad de sus piezas que a nadie puede dejar desapercibida su visita y menos si es un aficionado a la egiptología.

Vista de la entrada al museo etnográfico

Vista de la entrada al Museo Etnográfico.

Historia

La historia de la colección egipcia va muy ligada a la figura del suizo Gustave Jéquier. Este eminente egiptólogo, nacido y fallecido en Neuchâtel, fue alumno de Gaston Maspéro además de profesor de historia en la Universidad de la ciudad. Durante la mayor parte de su vida estuvo excavando en Egipto, gracias al apoyo de algunos mecenas. Es por todos conocido el gran trabajo que realizó en los complejos funerarios de la dinastía VI en la actual Saqqara sur. Precisamente y como producto de estos trabajos y tras negociarlo con el Servicio de Antigüedades Egipcio, procedió a trasladar a Neuchâtel la mayor parte de las piezas que conforman en la actualidad el fondo del museo.

Además de este generoso “regalo” también existen en el museo piezas procedentes de otras donaciones, de entre las cuales destaca una momia de Ibis, donada en 1795 por Charles Daniel de Meuron y que tiene el honor de figurar como la primera pieza entregada al museo. De hecho a este personaje se le atribuye ser el propulsor de todos los museos de la ciudad, a través de la creación del Gabinete de Historia Natural.

Gustave Jéquier (1868-1946)

Gustave Jéquier (1868-1946).

Charles Daniel de Meuron (1738-1806)

Charles Daniel de Meuron (1738-1806).

Según nos informaron los responsables del museo, existen más de 600 piezas en los fondos del mismo y las ochenta que están actualmente expuestas representan las más destacadas de ellas. La colección la forman tres salas dispuestas como dos espacios unidos por un pasillo.

Sala 1

En lo que podríamos denominar Sala 1 encontramos el apartado dedicado al ritual de la momificación. En el centro de la sala tenemos la momia de Nekhu, sacerdote de Amon-Re y perteneciente a la dinastía XXI.

Rodeando a la momia podemos admirar una vitrina con dos cabezas humanas momificadas, posiblemente de baja época, un vaso canopo con la cabeza de Kebehsenuf (guardián de los intestinos) y la tapa de otro representando a Amset (guardián del hígado). Al lado otra vitrina conteniendo diversas momias de animales, de las cuales destacan un par de momias de jóvenes cocodrilos, una de halcón y otra de un gato dentro de su sarcófago.

A la altura de la cabeza de la momia humana y presidiendo la sala se encuentra la tapa del sarcófago de Nekhu.

Por último, en la siguiente vitrina (ver foto) podemos contemplar los dos sarcófagos y el cartonaje de la sacerdotisa de Amón–Re, Nesimaut, de la dinastía XXI.

Vista parcial sala 1, con la momia de Nekhu y los sarcófagos de Nesimaut

Vista parcial sala 1, con la momia de Nekhu y los sarcófagos de Nesimaut.

Sala 2

Siguiendo el recorrido, pasamos al pasillo que conecta con la siguiente gran sala. Este pasillo está nombrado como Sala 2 y en él podemos admirar seis vitrinas con diversos objetos.

En la primera de las vitrinas encontramos varias piezas de cerámica predinástica pertenecientes a la época Nagada (4000-3000 AC). En la segunda destacan el busto en caliza de un tal Khent-ka, perteneciente a la dinastía VI, dos vasos del Imperio Medio y un recipiente de pérfido (piedra dura de color púrpura) que perteneció al ajuar funerario del rey Djoser (dinastía III).

La tercera y cuarta vitrinas contienen un total de 31 estatuillas funerarias (ushebtis), pertenecientes a diversas épocas, desde la dinastía XVII hasta época tardía. También destacan una estatuilla sedente, en madera, perteneciente a Ti-teti (dinastía VI) un reposa cabezas de alabastro y dos figuritas de las denominadas “concubinas funerarias” pertenecientes al Imperio Medio.

Vitrinas sala 2

Vitrinas de la sala 2.

En la quinta vitrina se pueden admirar diversas estatuillas de las dinastías XVIII – XIX y finalmente en la última, diversos vasos y recipientes de cosmética de entre los cuales vuelve a destacar uno de alabastro perteneciente también al ajuar funerario de Djoser.

En el lado opuesto a estas vitrinas, justo debajo del hueco de una gran escalera, se encuentra una máscara dorada de baja época de la cual se desconoce a su propietario.

Máscara dorada

Máscara dorada.

Sala 3

La tercera sala alberga en sus vitrinas una estupenda selección de estatuillas y grupos funerarios realizados todos ellos en madera y pertenecientes casi todas al Primer Periodo Intermedio (dinastía X). Repartidos por toda la sala nos encontramos con modelos de barcas funerarias, servidores portando ofrendas, estatuas de dignatarios y unos deliciosos modelos en miniatura de oficios diversos como son el de cervecero, alfarero e incluso una escena de cocina donde están representadas la matanza del buey, su cocción y la elaboración de pan y cerveza, todo ello en la misma escena.

Vista general de la sala 3

Vista general de la sala 3.

Vista general de la sala 3

Vista general de la sala 3.

En las paredes de esta tercera sala pueden contemplarse también cinco bajorrelieves procedentes de distintas tumbas y una estela. Cuatro de ellos pertenecientes al Imperio Antiguo y el resto del Imperio Nuevo.

Por expreso deseo del conservador del museo, monsieur Marc-Oliver Gonseth, aunque la realización de fotos está prohibida, quiso tener una atención especial hacia la Societat Catalana d’Egiptología, ya que somos los primeros españoles que mostramos un cierto interés por la colección, y por ello me fue permitido realizar algunas instantáneas de carácter general y que son la base gráfica del presente artículo.

Por último sólo me queda volver a recomendaros que, si alguna vez tenéis pensado en visitar Suiza, no os perdáis la visita a este museo. Es fácil llegar. La red ferroviaria suiza es amplia y muy efectiva. Desde Ginebra hasta Neuchâtel apenas hay una hora y cuarto y durante este breve trayecto podréis disfrutar contemplando el hermoso paisaje, repleto de viñedos y con la casi constante compañía del lago Neuchâtel a vuestro lado.

Datos de interés

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