Las nuevas salas del Museo de Arte Antiguo de Luxor

Jaume Vivó – Febrero de 2005

Desde su inauguración en 1975, el Museo de Arte Antiguo de Luxor ha vivido dos grandes ampliaciones. Concebido bajo los auspicios del Ministerio de Cultura en 1962, se encargó su diseño a uno de los arquitectos más reputados de Egipto, Mahmud El-Hakim. Las obras empezaron en 1964 sobre unos terrenos que el Departamento de Antigüedades poseía en la Corniche de Luxor, finalizando su construcción en 1969. La instalación de piezas empezó tres años después, pero debido a varios y variados retrasos su inauguración oficial no fue hasta diciembre de 1975.

El Museo de Luxor, emplazado cerca del Nilo con vistas a la orilla occidental y a la necrópolis tebana, está situado en el camino entre el Templo de Luxor y Karnak, lugar ideal para albergar las maravillosas obras de arte faraónico tebano. Su diseño exterior forma un simple rectángulo, con un pórtico que discurre a lo largo de toda la fachada de cara al Nilo. Delante, unos cuidados jardines con árboles y flores albergan una docena de estatuas colosales y grandes bloques de piedra con relieves. El interior del museo fue concebido inicialmente en dos niveles para la exposición de las obras de arte. Con los muros y techos de color gris oscuro y con una acertada iluminación artificial, permite al visitante concentrarse visualmente en los objetos perfectamente iluminados. Por medio de una rampa se accede al nivel superior siguiendo un circuito de visita lógico que evita que el visitante pueda perderse en sus salas.

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Fig. 1. Vista general de una de las nuevas salas del museo.

Dos comités de reconocidos egiptólogos y profesores de arte fueron los asesores para escoger las obras de arte que debían ser expuestas al público. Básicamente todas las obras son de procedencia tebana y abarcan un período de más de 4.000 años de historia, desde la época predinástica hasta unos pocos objetos de época islámica, siendo la parte más representada sin lugar a dudas, las obras de los Imperios Medio y Nuevo.

Primera ampliación

A mediados de diciembre de 1991 se inauguró una nueva y amplia sala, diseñada por arquitectos italianos, para albergar diecisiete de las 24 estatuas que fueron encontradas por casualidad a principios de 1989 durante las obras de restauración efectuadas en el patio del Templo de Luxor. A diferencia del resto, esta nueva sala está pintada completamente de blanco y las piezas se presentan aisladas a ambos lados y a lo largo de una simbólica avenida procesional que conduce hacia la impresionante estatua de Amenhotep III, bellamente tallada en cuarcita roja, portando la doble corona y representado como estatua de culto, de pie sobre un trineo. Este fabuloso hallazgo de la llamada cachette de Luxor reunía un conjunto de estatuas, la mayoría de ellas en perfecto estado de conservación, que databan desde tiempos de Tutmosis III, pasando por la época de Horemheb y Rameses II, hasta llegar a la Baja Época. Todas ellas fueron enterradas cuidadosamente bajo tierra, en el patio del templo de Luxor, poco tiempo después del año 300 d.C., cuando las legiones romanas convirtieron esta zona en un importante centro militar y religioso.

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Fig. 2. Estatua de Tutmosis III.

Segunda ampliación

Formando parte de un amplio y ambicioso programa de modernización y creación de nuevos museos en todo el país, el 20 de mayo de 2004 se inauguró oficialmente la segunda ampliación del Museo de Luxor. Diseñado siguiendo la pauta inicial del museo, las piezas iluminadas focalmente destacan sobre el fondo gris oscuro de los muros, aunque bien etiquetadas, sus explicaciones son algo escuetas para el neófito y la falta de planos y textos explicativos sobre la cultura egipcia se hace evidente. Estas nuevas salas denominadas en su conjunto “Thebes Glory Hall” están dedicadas preferentemente como su nombre indica, a la época en que Tebas alcanzó su máximo esplendor, tanto militar como tecnológico durante el Imperio Nuevo. Las más de 140 piezas dispuestas en los casi 500 m2 de sus salas dan buena cuenta de ello, procediendo la mayoría de ellas del Museo de El Cairo, y de otros museos y almacenes, siendo algunas de ellas la primera vez que se exponen a la vista del público.

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Fig. 3. Relieve de Amenhotep II disparando con arco.

La pieza que preside la entrada es una magnífica estatua restaurada de Tutmosis III sentado en su trono descansando sus pies sobre los “nueve arcos” que simbolizan los enemigos tradicionales de Egipto (Fig. 2) . Esta impresionante estatua fue hallada en los años setenta por la Misión polaca en su capilla de Deir el Bahari y se expone al público por primera vez. A su lado se muestra la segunda estela de Kamosis procedente de Karnak, donde narra sus luchas y esfuerzos por expulsar a los Hicsos de Egipto. La galería principal está dedicada al ejército y se puede ver un espléndido carro hallado en la tumba de Tutankhamón, así como un relieve procedente de Saqqara donde se representa un taller donde se fabrican ruedas de carro y varios tipos de armas. A continuación, sobre un enorme bloque de granito rojo de más de 2 metros de longitud, se puede ver esculpido al rey Amenhotep II sobre un carro tirado por dos caballos al galope mostrando su destreza disparando con su arco. Este bloque fue hallado como relleno en los cimientos del tercer pilono de Karnak y había sido ya anteriormente expuesto en el jardín del Museo de Luxor, pero con su nuevo emplazamiento y la adecuada iluminación se presenta con todo su renovado esplendor (Fig. 3) . Una vitrina muestra las armas empleadas por el ejército egipcio: hachas, arcos, flechas, lanzas, escudos, etc. A continuación se muestran varias esculturas como la de Amenhotep hijo de Hapu, en su papel de escriba de los reclutas, que vivió en tiempos de Amenhotep III; una fantástica estatua de Rameses II portando la doble corona tallada en un mismo bloque de granito negro con una gran beta roja que el escultor aprovechó para tallar las coronas (Fig. 4); le sigue presidiendo esta sala, una colosal estatua de Setos I de más de 2 m de altura, realizada en calcita y expuesta anteriormente en el Museo de El Cairo. La estatua, hallada originariamente en la cachette de Karnak en 1904, ha sido recientemente restaurada para su nuevo emplazamiento (Fig. 5).

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Fig. 4. Estatua de Rameses II.

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Fig. 5. Estatua de alabastro de Setos I.

Un fragmento de una díada de Horemheb y posiblemente su primera esposa se encuentra entre las dos salas que contienen dos momias. Este grupo escultórico fue hallado por la misión anglo-alemana dirigida por G.T. Martin en el interior de la capilla de ofrendas de su tumba en Saqqara.

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Fig. 6. Estatua doble del general Horemheb y su esposa.

En el momento del hallazgo, mientras que la figura de su esposa se hallaba en perfecto estado de conservación, a la de Horemheb le faltaba la cabeza. Desgraciadamente hace unos pocos años, los ladrones penetraron en el almacén de Saqqara donde se guardaba dicha estatua, cortando a nivel de la cintura la estatua de la esposa de Horemheb, por lo que en la actualidad se halla totalmente mutilada tal como se puede observar en la exposición (Fig. 6) . Es de esperar que las investigaciones policiales logren restituir esta magnífica obra de arte y los culpables de tamaña acción sean juzgados.

Dos pequeñas salas conservan las dos momias reales que fueron trasladadas desde el Museo de El Cairo al Museo de Luxor acompañadas de honores militares como si se tratara de presidentes de gobierno actuales. La supuesta momia de Rameses I fue trasladada sobre un carro tirado por caballos por la avenida de los carneros de Karnak escoltada por dos filas de soldados al paso de una marcha militar hasta el embarcadero donde, sobre un barco, le aguardaba la momia de Amosis I, para continuar juntos hasta su nuevo emplazamiento en las nuevas salas del museo. En una cámara iluminada tenuemente se hallan los restos del rey Amosis. Hijo de Seqenenre-Taa y la reina Ahhotep, fue el fundador del Imperio Nuevo y quien finalmente logró la expulsión de los hicsos de Egipto, restableciendo así la unión del país y la supremacía de Tebas. Su momia fue hallada en la cachette de Deir el Bahari en 1881. La otra momia que conserva el museo en la sala contigua se atribuye al rey Rameses I, aunque no con total seguridad (Fig. 7) . Su identificación ha creado numerosas polémicas aunque al parecer no hay duda de que se trata de una momia real. Esta momia se hallaba en el Michael C. Carlos Museum de Atlanta (EE.UU.) y fue devuelta a Egipto en octubre de 2003 tras más de 130 años de exilio. La momia que se encontraba probablemente en el escondite de Deir el Bahari, fue vendida en el mercado de antigüedades años antes del descubrimiento oficial de la cachette, y tras pasar por distintos propietarios finalmente pasó a formar parte de la colección del Michel C. Carlos Museum.

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Fig. 7. Momia atribuida al faraón Rameses I.

Junto a las momias se exponen además, en el interior de tres vitrinas visibles desde las dos salas, el magnífico puñal y hacha ceremoniales de oro, electrón y piedras preciosas del rey Amosis, así como el célebre collar de oro con las “moscas del valor” hallados en la tumba de la reina Ahhotep junto a su momia. Objetos éstos ofrecidos por sus hijos Kamosis y Amosis en reconocimiento al papel político jugado por esta reina durante las guerras de liberación.

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Fig. 8. Estatua del jefe militar Nebre.

Al piso superior se accede por medio de una rampa desde el fondo de la sala, donde se hallan una serie de magníficas esculturas de personajes relacionados con el ejército y provenientes de distintas localidades del país. Una magnífica estatua de piedra caliza de Nebre, jefe militar que tenía a su cargo la vigilancia y control de la frontera occidental bajo el reinado de Rameses II, sosteniendo un estandarte de la diosa Sejmet y luciendo en el cuello el prestigioso collar del “oro del valor” entregado por el rey como premio a los nobles y militares que habían dado pruebas de un valor extraordinario (Fig. 8) . El jefe de los arqueros Paser hallada en Tell el Hiba, la antigua Teudyoi, en la frontera oriental al límite de la tebaida. La magnífica cabeza tallada en piedra calcárea cristalina del general Najtmin, probablemente emparentado con la familia de Ay. Esta magnífica cabeza, de procedencia desconocida, se hallaba expuesta anteriormente en el Museo de El Cairo y aunque en su emplazamiento actual recobra todo su esplendor, es de lamentar que haya sido separada de la figura de su anónima esposa, con la cual, sin duda, la cabeza de Najtmin formaba una maravillosa díada. Al final del corredor, una estatua de Rameses VI de granito gris representado como vencedor de los enemigos de Egipto acompañado de su león, empuña un hacha mientras que con la otra mano agarra por el pelo a un prisionero libio con los brazos atados a la espalda.

En la planta superior se pueden contemplar tres fragmentos de estatuas de la diosa Sejmet con cabeza de león, una de las cuales es de proporciones colosales. Siguen una serie de estatuas dedicadas a personajes privados relacionados también con la vida militar. La primera es una de las célebres estatuas de Amenhotep hijo de Hapu representado sentado como un escriba, que empezó su dilatada carrera de funcionario como escriba de los reclutas en la corte de Amenhotep III en Tebas, llegando a alcanzar los más altos puestos del Estado, perdurando su reputación y sabiduría más allá de su muerte siendo finalmente divinizado. Durante su vida fue beneficiario del favor real construyéndose un templo funerario en la orilla oeste de Tebas en el lugar reservado para los reyes, así como poder depositar sus estatuas en el Gran Templo de Amón en Karnak, donde fueron halladas junto al X pilono en 1913 (Fig. 9) .

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Fig. 9. Amenhotep hijo de Hapu.

Más allá, una estatua cubo del heraldo real y oficial del ejército, Iamunedyeh, que más tarde ostentaría altos puestos en la administración del país, siendo además como jefe de los trabajos, el encargado de la supervisión de la erección de seis obeliscos bajo las órdenes de Tutmosis III. A continuación, una bella estatua del jefe de los trabajos en el Rameseo, Ameneminet en actitud mendigante, sentado tras a un gran sistro de Hathor; le sigue un bello fragmento de un bloque de piedra caliza donde se representa un desfile militar en tiempos de Tutankhamón, con los colores casi intactos hallado en el templo de Karnak. La estatua de gres pintado de un personaje anónimo procedente de Qau el Kebir y expuesta anteriormente en el museo. Una espléndida estatua del noble Tjay, encargado de las caballerizas del rey Amenhotep III, tallada en madera de ébano es sin lugar a dudas una de las más bellas obras de arte de la dinastía XVIII. Su actitud, su rostro, sus ojos, su peluca de finos rizos, los plisados del vestido, etc. hacen de esta pieza una obra maestra del arte egipcio (Fig. 10) .

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Fig. 10. Estatua de Tjay.

A continuación se exponen una serie de estatuas y objetos relacionados con la escritura y la arquitectura: el arquitecto May que sirvió bajo Rameses II y Merneptah; el intendente y arquitecto Senenmut, el escriba Ramesesnajt, etc. Paletas, pinturas, instrumentos de medición, herramientas de trabajo, ostraca mostrando esbozos, planos de casas y tumbas, etc. En una vitrina cercana se puede contemplar una serie de maquetas de barcas talladas en madera, que ilustran la navegación durante el Imperio Nuevo, una de ellas, hallada en la tumba de Amenhotep II. Más allá, una espléndida estatua de Rameses III, cuyos primeros fragmentos habían sido hallados en 1930 y junto con otros nuevos hallados recientemente en el templo de Rameses III en el recinto de Mut en Karnak, ha sido maravillosamente restaurada reuniendo los más de treinta fragmentos.

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Fig. 11. La llamda “tabla del maestro”.

Finalmente, una rampa conduce hacia la planta inferior donde se encuentra la salida, no sin antes, en un espacio dedicado a los últimos hallazgos realizados en la zona de Luxor, contemplar la interesantísima “tabla del maestro” hallada por la Misión española en Dra Abu el Naga dirigida por José Manuel Galán, donde entre los muchos descubrimientos de la misión se halla esta magnífica pieza de madera estucada, rota en varios fragmentos, donde por una cara y en la mitad izquierda puede verse la silueta de dos representaciones de un faraón de frente, una de ellas hecha por el maestro y otra por el alumno trazadas sobre una cuadrícula (Fig.11) . En la parte derecha tres copias de un antiguo texto de las que una está hecha por el maestro y las otras dos por el aprendiz. En la parte posterior, también sobre una cuadrícula de color rojo, se puede ver la figura del rey, probablemente Hatshepsut o Tutmosis III cazando aves en los pantanos.

Si bien el Museo de Luxor era ya considerado como uno de los más modernos y mejor diseñados de todo Egipto, en la actualidad con su nueva ampliación es sin duda un lugar de obligada visita para todos los viajeros.

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